
Un cementerio en la calzada del cerro.
Lo observo con cierta nostalgia.
La gente camina por esos pasillos de tierra
buscando el lecho de sus amores.
¡Qué campestre!
Esas esculturas sombrías y oscuros recuerdos
no se presencian en el desierto lugar.
Cruces blancas de madera muerta
sellan el estado de los cuerpos
con historias acabadas, enterradas y olvidadas
Un cementerio en la calzada del cerro.
Te observo a través del ventanal de mi vida.
Cae un tenue rayo de sol sobre tí.
Los árboles celebran la sombra
a las secas flores, carentes de alma.
La omnipotente neblina cubre la luz.
Vuelve al cementerio el frío de la soledad,
el frío de los cuerpos inertes,
la falta de seres vivientes.
Un cementerio en la calzada de un cerro.
Tu entrada se cierra con el galope de los caballos.
Salvajes, llenos de vida y de coraje,
me muestran dos mundos distintos
ante la decadencia de los sepulcros rurales.
Se acerca la noche, sigilosa como un gato nocturno,
calmado y silenciosamente peligroso.
Bajan del cerro las últimas almas
llorando las memorias...
llorando a un amor eterno...
Un cementerio en la calzada del cerro.
Y uno, esperando llegar a dormir en él.