06 julio, 2008

Poème V



Caen sobre mi hombro estos pesados días grises,
nubes que cubren sigilosamente la luz de mi camino
largo y tedioso, con las hojas cayendo de los árboles tristes
y el viento agresivo que roza mi cara, sin ningún destino

Como siente mi alma la ausencia de tu cándido amor,
persivo mi vacío impuro, la mísera tristeza.
Me aislo sin razón de la felicidad, caigo en el terror
y quedo encadenado en la soledad y en la eterna pereza

¡tú, odiada compañera!, ¡tú, maldita soledad!
Me eres tan fiel, y a la vez tan despreciable.
Deja sacar de mis agonizantes suspiros esta sequedad,

deja que mi primavera llene la pradera de mi vida,
que mis alegrías broten como esas flores enfermizas,
colmadas y ardientes de mis deseos de tu larga huída.

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