Veo pasar los recuerdos permanentes que se reflejan en mi decadente vida.
Mi alma destrozada grita locamente
deseando ya solo entregarse a la huida.
Esta enfermedad ha tocado mi corazón
llevándome así al sentimiento del infierno,
en cual mi mente piensa sin razón.
¡Oh, frágil es el músculo de cariño fraterno!
¡Adiós! dice mi maltratada garganta
que solo escuchan los oídos de los enterrados,
mientras en la plena oscuridad en la que mi voz canta,
vuela el cuervo con el grito de los desesperados.
Ya me marcho a mi tierra removida
en cual descansaré junto al coro de gusanos.
¡Oh, noche resplandeciente de la luna prometida,
sigue iluminando mi soledad en estos ardientes pantanos!
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